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Desde la oscuridad de la noche, sólo se reflejaban unos rayos coloridos que iluminaban la puerta abierta de esa cabaña. El volumen se escuchaba excesivamente alto y una
voz que cambiaba a cada momento de tono. Un grito nos paralizó. Vimos como dos sombras se escurrían por el sendero. De improviso, apareció una mujer sonriente, invitándonos a seguir mirando con ella su programa favorito. Hasta el día de hoy me acompañan ambas imágenes: la televisión rugiendo y la mancha carmín en su blusa.
Desde la oscuridad de la noche, sólo se reflejaban unos rayos coloridos que iluminaban la puerta abierta de esa cabaña. El volumen se escuchaba excesivamente alto y una
voz que cambiaba a cada momento de tono. Un grito nos paralizó. Vimos como dos sombras se escurrían por el sendero. De improviso, apareció una mujer sonriente, invitándonos a seguir mirando con ella su programa favorito. Hasta el día de hoy me acompañan ambas imágenes: la televisión rugiendo y la mancha carmín en su blusa.
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