10 dic 2007

Experiencia fortuita

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Desde la oscuridad de la noche, sólo se reflejaban unos rayos coloridos que iluminaban la puerta abierta de esa cabaña. El volumen se escuchaba excesivamente alto y una voz que cambiaba a cada momento de tono. Un grito nos paralizó. Vimos como dos sombras se escurrían por el sendero. De improviso, apareció una mujer sonriente, invitándonos a seguir mirando con ella su programa favorito. Hasta el día de hoy me acompañan ambas imágenes: la televisión rugiendo y la mancha carmín en su blusa.

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