18 feb 2008

La bicicleta

http://www.pnuma.org/dmma2008/acerca.html

Todas las mañanas cogía la bicicleta y se dirigía al centro del pueblo. Nadie lo conocía, era un forastero recién llegado, y tampoco se le daba mucho por la sociabilidad. Trabajaba paseando perros, a los más grandes los hacía tirar de la bicicleta, para que ejercitasen sus miembros adormecidos de sólo caminar entre las paredes de un piso.
Luego se disponía a limpiar la costa de todo lo que el mar decidía expulsar por ser nocivo a su sostenibilidad, como las latas de aluminio y las miles de chapas para su apertura, encendedores, botellas plásticas, bolsas de supermercado, papel encerado brillante y perdurable, tapas, tapitas y tapones de vaya a saber que artefactos, cables, cuerdas, alambres, hojas de afeitar descartables (se nota), condones, toallas para la higiene femenina, tampones, pedazos de chapa, plásticos rotos e hierros oxidados.
Así todos los días de su existencia, hasta que un mediodía una mujer le puso un micrófono en la boca y lo denomino “el ecologista del año”. Comenzó a ponerse pálido, su tez ya de por sí clara, se transparentó y dejó ver un tono azulado, sus ojeras se hicieron más profundas y violáceas, su mirada se extravió por alguna parte del suelo y sus rodillas se flexionaron más de la cuenta. Desmoronó un metro ochenta y cinco de altura. Salió en todos los noticieros desde los locales hasta el nacional. Nadie lo conocía.
Por la noche llamó su madre desde el otro ángulo del planeta. No hubo consuelo.

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