19 mar 2008

Niñez privilegiada

Cuenta la leyenda que hubo una vez, una niña que vivía desnuda y sola en una casa construida completamente de hojas de periódico impermeabilizadas con resina de pino, que como resultado daba una resistencia prodigiosa contra el agua de lluvia, el viento y demás inclemencias de la naturaleza de ese incognoscible bosque.
Un único ambiente, que una enorme alfombra cubría, albergaba una pequeña cocina y una cama estrecha, sin ningún tipo de decoración, excepto manuales, textos, volúmenes, tomos…
Desde el interior no podían visualizarse las paredes, puesto que desde el zócalo hasta el techo estaban cubiertas por esos libros, que con un sistema de apoyo excepcional, permitía consultar varios ejemplares, sin que por ello se desmoronara toda la estructura.
El inmenso y majestuoso jardín desbordado de dalias, azaleas, claveles, lirios, anémonas y gardenias, rodeaba la morada perfumando todo el hábitat circundante, que un torrente de aguas frescas y cantarinas daba vida.
Todas las tardes a la caída del sol, en la vera del arroyo, se reúnen los animales del bosque para escuchar un nuevo cuento, un poema, una historia…
La vida transcurre en paz y armonía, nuestra niña es muy feliz en compañía de los árboles, las flores, las gacelas, los osos, las serpientes, los peces y demás ser vivo que la abarca. Todos están encantados con sus sesiones de lectura. La respetan y protegen.
Pero una mañana, al despertar, la niña descubre con sobresalto su pubis escondido de vello.
De inmediato se pone a buscar entre las obras de su formidable biblioteca, en la primera ojeada comprende que su cuerpo se está preparando para convertirla en mujer.
Habrá que vestirse, abandonar ese universo lúdico y casi perfecto de la infancia favorecida.
Cuando en el ocaso, los animales se congregan a beber agua, aún hoy, miran el horizonte esperando que aparezca esa niña, para seducirlos una vez más, con el mágico mundo de las palabras humanas.