8 ago 2008

Como ser...


ecologista marino y no morir en el intento

Cuando entras a nadar o jugar al mar y ves una bolsa (de las de hipermercado) a la deriva por inercia del viento… cogerla (que ya debe de estar súper limpia) colocarla en tu bikini y salir cual espía de James Bond portando en vez del cuchillo, un chorreante film sintético.

Si eres de los que prefiere hacer submarinismo para ver peces y demás especies marinas… coger las latas de bebidas, envases que se hunden cual Titanic para jamás volver a emerger por voluntad propia.

Terminantemente prohibido capturar toallas femeninas y/o tampones ensangrentados sin la debida protección… pensar que más de una vez nos tragamos un poquito de ese zumo con el agüita de mar sin que veamos al sospechoso navegando (vaya uno a saber de dónde y cómo apareció a nuestro lado).

Mecheros, una nueva especie marina, tanto los peces como las aves se preguntan por donde comen y por donde excretan esos nuevos habitantes que existen desde multicolores hasta de un sólo color en una gran gama de formas y volúmenes.

Antes de extender tu toalla playera recién estrenada observar bien la zona para (evitar si se puede) las colillas dejadas por el anterior bañista o si es el único hueco de la playa abarrotada ya te estás enterando el por qué.

1 ago 2008

Uno contra otro


Las palabras, esas manifestaciones tan vacías de contenido en una discusión acalorada y sin embargo son flechas venenosas que se retuercen una y otra vez dentro de nuestro cerebro, cada vez que recordamos las ofensas de las que fuimos objeto de humillación.
Qué sentido tiene arreglar nuestros asuntos hablando, si cuando lo hacemos estamos enojados uno con el otro y sólo se vierten expresiones de enfado y disgusto para ver quien lastima más al compañero.
Que se gana en estas verborragias sin criterio ni sentido donde se entremezclan hechos pasados con el presente y sobre todo en vistas de un futuro demasiado incierto.
Siempre hay que estar atenta, no bajar nunca la guardia, relajarse con un ser querido significa que no nos va a perturbar nuestro interior y nos va a seguir tratando con el respeto y cariño profesado desde antaño.
Las relaciones de pareja son un tanto dicotómicas, buscamos que el otro nos trate como lo tratamos, en vez de aceptar y admitir ser tratados como nuestro compañero se manifiesta en plena libertad de elección.
Me saturan las discusiones huecas, banales y superficiales, donde cada uno desahoga sus nervios en el otro sin producir absolutamente ninguna modificación en su psique, en su alma, en su espíritu.
¿Por qué nos organizamos emocionalmente uno “contra” otro?